ARR Method

12 min

Capítulo 4

Narrativa y posicionamiento

Hay una idea que cuesta aceptar cuando llevas tiempo en el mundo SaaS B2B: si tu web no genera demos ni pipeline, casi nunca es por el producto y mucho menos por el modelo de tu SaaS (PLG, Enterprise…etc).

Lo sé. Es incómodo. Pero hay que empezar a poner la responsabilidad en uno mismo y dejar de echar balones fuera. Cuando hablamos de web SaaS el 99% intentan convencer con:

  • Claimns grandes

  • Métricas llamativas

  • Funcionalidades por todas partes

Pero el usuario que llega no quiere que le convenzas. Quiere entender tres cosas muy básicas:

  1. Si esto es para alguien como él y su compañía

  2. Si resuelve un problema que reconoce

  3. Si merece la pena seguir avanzando

Si falla cualquiera de las tres, la demo no ocurre. No porque no haya interés, sino porque no hay claridad sobre como tu SaaS puede generar HOY valor y beneficios reales a una compañía, no en unos meses. Pero lo entiendo, es fácil dar por sentado que el hecho de que la web no sea una prioridad es por tener un modelo SaaS Enterprise.

Ahora, sé que tú no quieres dar cosas por hecho y mirar hacia dentro, no echar balones fuera. Veamos como trabajar esta parte:

Qué es y cómo impacta la narrativa y el posicionamiento

Cuando hablo de narrativa y posicionamiento no estoy hablando de copy. Ni siquiera de marketing, al menos no en el sentido superficial del término.Estoy hablando de algo mucho más básico y, a la vez, mucho más difícil: de cómo piensa tu cliente cuando llega a tu web por primera vez.

Porque nadie entra en la web de un SaaS con la cabeza en blanco. Entra con ruido. Con experiencias previas. Con comparaciones. Con prisas. Con desconfianza. Y lo primero que intenta resolver —aunque no sea consciente de ello— no es si tu producto es bueno, sino si merece la pena dedicarle tiempo mental.

La narrativa es eso: el hilo invisible que ordena la información para que el usuario no tenga que hacerlo por sí mismo. El posicionamiento es el lugar exacto que ocupas en su cabeza mientras lee.

El error más común es pensar que la narrativa empieza cuando hablamos de beneficios, o que el posicionamiento aparece cuando decimos en qué nos diferenciamos. No.

La narrativa empieza mucho antes. Empieza en lo que eliges decir primero… y, sobre todo, en lo que decides no decir. Empieza en si hablas desde tu producto o desde su problema. En si usas tu lenguaje interno o el lenguaje que él utiliza cuando explica su situación a un colega.

Cuando esto no está bien trabajado, la web se vuelve confusa sin serlo explícitamente. No hay nada “mal”, pero nada termina de encajar. El usuario lee. Asiente. Incluso piensa que el producto tiene sentido. Pero no avanza.

Y cuando no avanza, no es porque no haya interés. Es porque no le has dado motivos para que sea relevante y urgente dar el siguiente paso.

Aquí es donde la narrativa y el posicionamiento se convierten en una palanca real de adquisición. Una buena narrativa no empuja. No persuade. No insiste. Una buena narrativa reduce fricción cognitiva, le ahorra al usuario el esfuerzo de interpretar, traducir y conectar puntos. Le dice, sin decirlo explícitamente: “esto es para alguien como tú, en una situación como la tuya”.

Cuando eso ocurre, la demo deja de ser un salto al vacío y pasa a ser el siguiente paso lógico. Esto no afecta solo al inbound, aunque muchas veces se trate así. Afecta también de forma directa al outbound, ya que si no se tiene una narrativa que comunique el valor y los beneficios reales para tu ICP, poco impacto e interés vas a poder llegar a generar.

En definitiva, adaptando la propuesta de valor por segmento, perfil y contexto de mercado Traducir la funcionalidad técnica en mensajes claros y orientados a beneficios que conecten con distintas audiencias, desde decisores de compra hasta usuarios finales.

El ejemplo de Stockagile

Quiero bajar todo esto a tierra con un ejemplo concreto: Stockagile.

Stockagile es un SaaS con un producto potente para el sector retail. No trabajé directamente con ellos, pero sí realicé una reconstrucción completa de su web para analizar cómo podría comunicar mejor su valor. Y aquí apareció algo muy revelador.

El problema no estaba en lo que el producto hacía. El problema estaba en el valor e impacto que entendía que podía tener usar Stockagile en su empresa retail. Veámoslo en profundidad:

Cuando alguien entra en la web de un SaaS por primera vez, no entra para aprender. Entra para ubicarse. Para decidir, en pocos segundos, si merece la pena dedicarle atención a eso que está viendo. Y lo hace con una lógica fría, casi automática: ¿esto es para mí?, ¿me entiendo en esto?, ¿hay algo aquí que me haga sentir que voy a ganar tiempo, dinero o tranquilidad?

Con Stockagile ocurre algo muy interesante, porque el producto —al menos por lo que uno puede intuir por funcionalidades— es sólido. Pero la web, en su primera versión, no estaba ayudando a que ese valor fuese evidente. Es como tener una herramienta muy buena guardada en una caja sin etiqueta: cuando la abres, quizá te sorprende, pero antes de abrirla no tienes ningún motivo para hacerlo.

El primer impacto era el H1.

“Gestionamos millones de pedidos para marcas y tiendas”.

No es un mal mensaje. De hecho, suena a prueba de escala. El problema es que, para un cliente potencial, es un mensaje que se queda a medio camino. Es como conocer a alguien por primera vez y que, en vez de decirte a qué se dedica, te diga cuántos correos envía al día. Impresiona un segundo… pero no orienta. Y si no orienta, no convierte.

Porque el ICP no está buscando grandeza. Está buscando encaje. Está buscando entender qué problema concreto le quitas de encima y por qué debería confiar en que tú se lo vas a quitar mejor que otros.

Después venía el subtítulo, y aquí el patrón era todavía más común: demasiadas cosas a la vez. “El software para tiendas físicas, digitales y almacenes que controla, automatiza y predice tus existencias…” y remataba con una frase que, por muy razonable que parezca, podría estar en cualquier web del sector: “para maximizar la rentabilidad de tu negocio retail”.

Y ese es el punto. Cuando el lenguaje es intercambiable, la percepción de valor baja. No porque sea incorrecto, sino porque no tiene filo. No tiene contexto. No tiene una forma clara de señalar a un tipo de cliente y decirle: tú, en concreto, con tu situación, estás en el lugar correcto.

En ese momento, antes incluso de entender el producto, el usuario ya está haciendo un trabajo mental innecesario: intentar descifrar. Y cada vez que obligas a alguien a descifrar, le acercas a la pestaña de cerrar.

Luego aparece el CTA. Y aquí el detalle era pequeño, pero el efecto enorme.

“Ver vídeo”.

Parece un buen gesto: ofrecer una explicación, un apoyo visual, una forma rápida de entenderlo. Pero desde la mente del usuario, es otra cosa. Es un peaje. Es pedirle que invierta uno o dos minutos antes de haber entendido si esto merece la pena. Es como decirle: “Antes de contarte por qué deberías escucharnos, escucha”.

Y además, ese CTA no empuja al negocio. No acerca al funnel. Lo aplaza. Convierte la acción en consumo. Y cuando conviertes la acción en consumo, estás intercambiando intención por entretenimiento, que es una moneda malísima si lo que quieres son demos.

A eso se le suma otro elemento que parece menor, pero que define mucho: el menú.

Un menú escaso transmite una cosa sin querer: “esto es lo que hay”. Cuando faltan accesos fáciles a recursos, casos, integraciones o incluso una forma clara de contacto, el usuario no siente que esté entrando en una plataforma seria con profundidad; siente que está mirando una landing. Y una landing, por muy bonita que sea, no suele ser el lugar donde alguien decide invertir en un SaaS.

Todo esto configura un patrón: no es que el producto no tenga valor. Es que el valor no se percibe con claridad.

Por eso en la reconstrucción el objetivo no fue “mejorar el copy”, ni “hacerla más moderna”. Fue mucho más simple y más difícil: hacer que el primer pantallazo orientase. Que, en cuanto el usuario aterrizase, supiera qué era Stockagile, para quién era y por qué importaba.

El nuevo primer pantallazo hace precisamente eso: le da al usuario una frase que puede entender sin esfuerzo (“El software que centraliza toda la gestión de tu retail”), le añade un subtítulo con lenguaje humano y un foco claro (“para que puedas centrarte en vender, no en administrar”), y coloca las acciones donde tienen sentido: solicitar demo o crear cuenta.

La diferencia no está en que ahora sea “más bonito”. La diferencia está en que ahora es más legible en términos de decisión. El usuario ya no tiene que adivinar qué hace el producto. Ya no tiene que traducir conceptos genéricos. Se le entrega un marco mental.

Después vienen los textos principales, que cumplen una función esencial: anclar el H1 y aterrizarlo. No se trata de decir más. Se trata de decir mejor. De tener un mensaje principal que define con precisión qué hace el software y cómo ayuda, acompañado de un subtítulo natural que le habla al ICP sin jerga. La web deja de sonar a “SaaS que hace cosas” y empieza a sonar a “herramienta que resuelve este tipo de caos”.

Y entonces aparece un punto que muchos SaaS subestiman: la prueba social.

No basta con decir que eres bueno. En B2B, el comprador necesita razones para confiar. Necesita indicadores que reduzcan el riesgo. Por eso, cuando se integran partners reconocibles y métricas relevantes para el ICP, no se está “presumiendo”. Se está quitando fricción. Se está diciendo: no eres el primero que se sube a esto, y hay señales que lo respaldan.

También cambia el menú. Y vuelve a pasar lo mismo: no es diseño, es estructura de confianza. Un menú más completo, fácil de escanear, con accesos claros a integraciones, recursos o contacto, hace que la web deje de sentirse como una página de marketing y empiece a sentirse como una empresa con profundidad. Y eso, aunque no se mida en GA4 de forma directa, se mide en comportamiento: más navegación, más lectura, más retorno, más disposición a dar el siguiente paso.

Y por último, algo que me gusta mucho de la reconstrucción: el lead magnet.

No por el lead magnet en sí, sino por lo que simboliza. Un lead magnet bien planteado es una forma elegante de capturar demanda sin forzarla. Es una puerta para el que todavía no está listo para la demo, pero sí está lo suficientemente interesado como para seguir. Y cuando se hace bien, no satura ni distrae. Acompaña.

En conjunto, lo que ocurre con Stockagile es lo que ocurre con la mayoría de SaaS B2B que quieren convertir su web en un canal de adquisición: la web no falla por falta de elementos. Falla por falta de orden mental. Falla porque no guía. Falla porque hace que el usuario tenga que trabajar demasiado para entender.

Y eso es lo que hace la narrativa y el posicionamiento cuando se trabajan bien: te quitan trabajo. Te quitan duda. Te quitan fricción.

No hacen que el producto sea mejor.

Hacen que el valor, por fin, sea evidente.

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